viernes, 3 de agosto de 2007

conclusión

La tipología de la evaluación expuesta es válida para presentar las virtudes que ofrece la evaluación en diferentes enfoques y perspectivas; en la práctica educativa pueden emplearse más de un tipo de evaluación de manera simultánea. De esta forma, tanto la evaluación inicial como la final pueden ser formativas o sumativas según la funcionalidad con la que se apliquen; lo mismo ocurre con la autoevaluación o coevaluación, que además pueden ser iniciales, procesuales o finales. La evaluación criterial o la idiográfica se pueden aplicar al principio, durante o al final de un proceso e inclusive de puede incorporar a ellas autoevaluaciones o coevaluaciones del propio alumnado.

El aprendizaje es un continuo, por ello la acción educativa eficaz debe plantearse también como tal y la evaluación como parte del proceso no puede aplicarse aisladamente.

La evaluación formativa tiene también un papel de mucha importancia dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, ella se encarga de orientar la actividad a través de sus informes sobre la forma en que se van alcanzando los objetivos. Si la evaluación formativa señala que se van cumpliendo los objetivos, el maestro y los alumnos tendrán un estímulo eficaz pare seguir adelante. Si la evaluación formativa muestra deficiencias o carencias en cuanto a los objetivos que pretenden alcanzarse, será tiempo de hacer las rectificaciones y ajustes necesarios al plan, de motivar nuevamente a los alumnos y de examinar si los objetivos señalados son los más oportunos para colocarse en esa precisa etapa del proceso enseñanza-aprendizaje.